lunes, 25 de junio de 2012

Friction Dancing


Pero por el camino una bailarina le cierra el paso y se restriega contra él, empujando la pelvis contra su entrepierna. Bajo la pintura de guerra, la chica tiene un rostro chabacano, casi de payaso, y las capas de base de maquillaje no consiguen ocultar las feas cicatrices de la viruela a la áspera luz de los focos. Una mirada extraviada y una boca torcida y cruel le desafían.
Lennox se queda petrificado, tieso por todas partes menos donde ella querría. Esto es friction dancing. Ella no va a dejar de menearse hasta lograr que se corra. Le invade una explosión de ira.
Esto es cosa de viejos y fracasados, de gilipollas y retrasados.
 Capta la amarga desesperación en la mirada de la chica y se da cuenta de que ahora se ha convertido para ella en un reto personal y que por narices tiene que excitarse y correrse. La única forma que tiene de salvar las apariencias esta bailarina de striptease adicta al crack es obligarle a tomar parte en este circo y dejar que lo transforme en un ser tan desesperado y envilecido como ella. Lennox lo entiende, porque ha tomado parte muchas veces en otras versiones de lo mismo en Edimburgo, durante las salidas exclusivamente masculinas del cuerpo. Capta la inquietud en los rostros de los hombres presentes. Es consciente de que al no entrar en el juego los está poniendo en evidencia por el simple hecho de estar por encima de ellos, y humillando a la mujer al rechazar lo único que tiene para vender, su sexualidad, o al menos esa versión caricaturesca de ella. Se trataba menos de una cuestión de autoestima que de orgullo profesional: era así como se ganaba la vida.
Fragmento de Crimen
(Irvine Welsh) 

martes, 12 de junio de 2012

Indiferencia mortal


El verdugo no obedece órdenes. Simplemente hace su trabajo: no odia a las personas a las que ejecuta, no lo hace por venganza, no las mata porque se interpongan en su camino o lo amenacen o lo ataquen.

Le son completamente indiferentes. Tan indiferentes, que le da lo mismo matarlas o no matarlas.

Fragmento de El lector
(Bernard Schlink) 

martes, 5 de junio de 2012

La cruda realidad

Desde hace años, Alemania va cuesta abajo. Somos los perdedores de la globalización. La política nos quiere hacer creer que el camino para salir de la crisis es siempre rendir más. Pero los políticos son sólo marionetas de la economía. La cuota de desempleo está bajando; somos el número uno en exportaciones. 

Pero la realidad es que los pobres son cada vez más pobres, y los ricos más ricos.
La única gran amenaza es el terror, un terror que nosotros mismos hemos creado mediante la injusticia que permitimos en el mundo, y mientras que nosotros, poco a poco pero sin descanso, destruimos el planeta, unos cuantos supermillonarios se sientan por ahí y se frotan las manos, se construyen naves especiales y observan todo lo que pasa incluso desde arriba.
Fragmento de La Ola
(Dennis Gansel)

jueves, 31 de mayo de 2012

Psicologia policial

Poca gente entiende la psicología de tratar con un policía de carreteras.Un conductor cualquiera se asusta e inmediatamente se detiene a un costado.
Eso está mal. 
Provoca el desprecio del policía. Hagan que el bastardo los persiga. Y lo hará. Pero no sabrá qué hacer cuando señalicen como si fueran a doblar a la derecha. Eso le indica que están buscando un sitio para poder hablar. Tardará un momento en darse cuenta de que tendrá que dar una vuelta a 180 grados al instante. Pero ustedes estarán preparados. Metan el cambio. Doblen rápidamente.

Fragmento de Miedo y asco en Las Vegas
(Terry Gilliam)

martes, 29 de mayo de 2012

La vida es una caja de bombones


Rebecca se mostró veloz y furtiva cuando llevó su mano hacia la caja. Levantó el separador y sacó rápidamente dos trufas de ron de la parte inferior. Se llenó la boca con ellas, a punto de desmayarse por la sensación de empalago, y empezó a masticar furiosamente. 


El truco consistía en consumirlas lo más rápidamente posible; al hacerlo así, tenía la impresión de que podía engañar al cuerpo, camelarlo para asimilar las calorías como un todo compacto, haciéndolas pasar por dos pequeños bocados. Semejante autoengaño resultaba insostenible cuando la infame y dulce ponzoña alcanzaba su estómago. Podía sentir cómo su cuerpo descomponía con agonizante lentitud aquellos repugnantes tóxicos, realizando un meticuloso inventario de las calorías y toxinas presentes antes de distribuirlas entre aquellas partes del cuerpo dónde más daño harían.
Fragmento de Éxtasis
(Irvine Welsh)

lunes, 28 de mayo de 2012

Al loro...


Sabes, creo que tienes una imagen equivocada de mi, y lo menos que puedo hacer es explicarte exactamente como funciono. Por ejemplo, mañana me levantaré pronto y me daré un paseíto hasta tu banco. Luego entraré a verte y..., 
si no tienes preparado mi dinero,
 delante de tus propios empleados 
te abriré tu puta cabeza
Y cuando cumpla mi condena y salga de la cárcel, con suerte, tú estarás saliendo del coma. ¿Y qué haré yo?, te volveré a romper tu puta cabeza. Porque yo soy idiota, y a mí lo de la cárcel me la suda.
 
A eso me dedico, así funciono yo. Y yo sé como funcionas tu, jodes la pasta a la gente y ni te inmutas.
Fragmento de Casino
(Martin Scorsese)

viernes, 25 de mayo de 2012

Naturaleza humana


Debo confesarlo sinceramente. La vista de cualquier animal me regocija al junto y me ensancha el corazón, sobre todo la de los perros, y luego la de todos los animales en libertad, aves, insectos, etc.

Por el contrario, la vista de los hombres excita casi siempre en mi una aversión muy señalada, porque con cortas excepciones, me ofrecen el espectáculo de las 
deformidades 
más horrorosas y variadas:
fealdad física, expresión moral de bajas pasiones y de ambición despreciable, síntomas de locura y perversidades de todas clases y tamaños; en fin, una corrupción sórdida, fruto y resultado de hábitos degradantes. Por eso me aparto de ellos y huyo a refugiarme en la naturaleza, feliz al encontrar allí a los brutos.

Fragmento de El arte de insultar
(Arthur Schopenhauer)