jueves, 31 de mayo de 2012

Psicologia policial

Poca gente entiende la psicología de tratar con un policía de carreteras.Un conductor cualquiera se asusta e inmediatamente se detiene a un costado.
Eso está mal. 
Provoca el desprecio del policía. Hagan que el bastardo los persiga. Y lo hará. Pero no sabrá qué hacer cuando señalicen como si fueran a doblar a la derecha. Eso le indica que están buscando un sitio para poder hablar. Tardará un momento en darse cuenta de que tendrá que dar una vuelta a 180 grados al instante. Pero ustedes estarán preparados. Metan el cambio. Doblen rápidamente.

Fragmento de Miedo y asco en Las Vegas
(Terry Gilliam)

martes, 29 de mayo de 2012

La vida es una caja de bombones


Rebecca se mostró veloz y furtiva cuando llevó su mano hacia la caja. Levantó el separador y sacó rápidamente dos trufas de ron de la parte inferior. Se llenó la boca con ellas, a punto de desmayarse por la sensación de empalago, y empezó a masticar furiosamente. 


El truco consistía en consumirlas lo más rápidamente posible; al hacerlo así, tenía la impresión de que podía engañar al cuerpo, camelarlo para asimilar las calorías como un todo compacto, haciéndolas pasar por dos pequeños bocados. Semejante autoengaño resultaba insostenible cuando la infame y dulce ponzoña alcanzaba su estómago. Podía sentir cómo su cuerpo descomponía con agonizante lentitud aquellos repugnantes tóxicos, realizando un meticuloso inventario de las calorías y toxinas presentes antes de distribuirlas entre aquellas partes del cuerpo dónde más daño harían.
Fragmento de Éxtasis
(Irvine Welsh)

lunes, 28 de mayo de 2012

Al loro...


Sabes, creo que tienes una imagen equivocada de mi, y lo menos que puedo hacer es explicarte exactamente como funciono. Por ejemplo, mañana me levantaré pronto y me daré un paseíto hasta tu banco. Luego entraré a verte y..., 
si no tienes preparado mi dinero,
 delante de tus propios empleados 
te abriré tu puta cabeza
Y cuando cumpla mi condena y salga de la cárcel, con suerte, tú estarás saliendo del coma. ¿Y qué haré yo?, te volveré a romper tu puta cabeza. Porque yo soy idiota, y a mí lo de la cárcel me la suda.
 
A eso me dedico, así funciono yo. Y yo sé como funcionas tu, jodes la pasta a la gente y ni te inmutas.
Fragmento de Casino
(Martin Scorsese)

viernes, 25 de mayo de 2012

Naturaleza humana


Debo confesarlo sinceramente. La vista de cualquier animal me regocija al junto y me ensancha el corazón, sobre todo la de los perros, y luego la de todos los animales en libertad, aves, insectos, etc.

Por el contrario, la vista de los hombres excita casi siempre en mi una aversión muy señalada, porque con cortas excepciones, me ofrecen el espectáculo de las 
deformidades 
más horrorosas y variadas:
fealdad física, expresión moral de bajas pasiones y de ambición despreciable, síntomas de locura y perversidades de todas clases y tamaños; en fin, una corrupción sórdida, fruto y resultado de hábitos degradantes. Por eso me aparto de ellos y huyo a refugiarme en la naturaleza, feliz al encontrar allí a los brutos.

Fragmento de El arte de insultar
(Arthur Schopenhauer)

jueves, 24 de mayo de 2012

¿Remordimiento?


El remordimiento, y en ello coinciden todos los moralistas, es un sentimiento sumamente indeseable. Si has obrado mal, arrepiéntete, enmienda tus yerros en lo posible y esfuérzate por comportarte mejor la próxima vez. Pero en ningún caso debes llevar a cabo una morosa meditación sobre tus faltas. Revolcarse en el fango no es la mejor manera de limpiarse.

Fragmento de Un mundo feliz
(Aldous Huxley)

viernes, 18 de mayo de 2012

Destino Final

En Bagdad había un mercader que mandó a su sirviente al mercado a comprar provisiones, y al poco rato el sirviente regresó, blanco y tembloroso y dijo: 'Amo, cuando estaba en la plaza del mercado una mujer de la multitud me empujó, y cuando me di la vuelta vi que era la Muerte la que me empujaba. Me miró e hizo un gesto amenazador. Ahora présteme su caballo y escaparé de esta ciudad para evitar mi destino. Iré a Samarra y allí la Muerte no podrá encontrarme'.
El mercader le prestó el caballo y el sirviente lo montó, hundió las espuelas en sus flancos y partió todo lo velozmente que el caballo era capaz de galopar. Luego el mercader fue a la plaza del mercado y me vio de pie en medio de la multitud, y se me acercó y me dijo: '¿Por qué le hiciste un gesto amenazador a mi criado cuando lo viste esta mañana?'. 'Ese no fue un gesto amenazador', le dije. 'Fue sólo un respingo de sorpresa. Estaba asombrado de verlo en Bagdad, puesto que yo tenía una cita con él esta noche en Samarra'.

Habla la Muerte
de W. Somerset Maugham